QUIÉN SOY
Una Carrera Construida Operación a Operación
Desde 1995 en el Mercado Inmobiliario
HITOS DE MI CARRERA
Es verano de 1986.
Tengo 16 años. Estoy más preocupado por la música que por cualquier otra cosa del mundo.
Y mi padre me sienta y me dice que tenemos que vender el piso.
No me lo dice como si fuera una decisión. Me lo dice como quien no tiene otra salida. Él es autónomo. El dinero no llega. Mi madre acaba de quedarse embarazada — algo que nadie esperaba. Y hay un piso vacío que vale tres millones de pesetas.
Tres millones que mi familia necesita.
Algo en mi cabeza dice: espera.
No sé de dónde viene ese impulso. Tengo 16 años, no sé nada de inmuebles, no sé nada de negocios. Pero algo me dice que vender ese piso sería un error del que no habría vuelta atrás.
Le propongo a mi padre una alternativa: en lugar de venderlo, lo arreglamos y lo alquilamos.
Ese verano lo paso lijando barandillas oxidadas, pintando puertas, comprando muebles de segunda mano en los periódicos. Con la ayuda de un primo albañil de mi padre, yo haciendo de peón. Sudando. Aprendiendo.
Al final del verano, el piso tiene inquilino.
Es poco dinero. Pero es una renta mensual. Es estabilidad. Y es la primera lección que el mundo inmobiliario me enseña sin que yo lo supiera todavía:
Un inmueble bien gestionado no es un gasto. Es una fuente de ingresos.
Tenía 16 años. Y ya lo sabía.
Nadie empieza arriba.
Cuando termino Económicas en la Universidad de Málaga, podría haberme creído el cuento de que un título te abre puertas.
No me lo creí.
Empiezo desde abajo. Vendiendo publicidad en páginas amarillas locales para una empresa noruega. Llamando a puerta fría. Aprendiendo a hablar con dueños de empresa, a escuchar cuando te dicen que no, a volver al día siguiente. Fue duro. Y fue la mejor escuela que podría haber tenido.
Dos años después, un amigo de la facultad me llama.
Su familia tiene una inmobiliaria en Mijas Costa, Málaga. Necesitan gente de confianza. Y el trato es claro: el primer mes, solo los gastos de gasolina. Sin sueldo. Una prueba para ver si valgo.
Lo acepto sin dudarlo.
Cuatro meses.
Eso es lo que tardé en darme cuenta de dónde estaba realmente.
En aquella inmobiliaria hay agentes que hablan alemán, inglés y español. Currículos brillantes. Perfiles internacionales.
Y la mayoría solo son capaces de decir «no sé hacer esto» en varios idiomas.
Ahí entro yo. Con mis capacidades. Con mis ganas. Haciendo de todo lo que hace falta.
A los cuatro meses, me ponen al frente de un equipo de seis personas para comercializar unos terrenos muy cerca de Puerto Banús, en Marbella.
Valorados en más de 4.000 millones de pesetas.
Año 1997. Yo tengo veintitantos años. Cero experiencia gestionando equipos. Y una responsabilidad que me pesa en el estómago cada mañana cuando me levanto.
Al mismo tiempo, dirijo la comercialización de varios proyectos inmobiliarios en la Costa del Sol — adosadas, apartamentos, villas independientes. Todo a la vez. Todo con el mismo equipo.
No voy a mentirte: hay noches que no duermo.
Pero los terrenos se venden.
Y aprendo algo que ningún libro de gestión me podría haber enseñado: la responsabilidad, cuando se acepta de verdad, te hace crecer más rápido que cualquier otra cosa.
Los años buenos.
De 2000 a 2008 vivo una época que hoy parece de otro mundo.
Ventas que no paran. Clientes internacionales. Proyectos en exclusiva. Exposiciones inmobiliarias en toda Europa. En esos años hacemos decenas de operaciones solo de un proyecto de apartamentos en Marbella — además de las ventas de segunda mano que gestionamos en paralelo desde la inmobiliaria.
Pero hay algo de esa época que no aparece en ningún informe de ventas.
Entre 2003 y 2005 me di cuenta de que mi madre tenía un terreno en Estepona. No urbanizable de forma inmediata — era suelo sin desarrollar, que requería planes parciales, juntas de compensación, urbanización… años de tramitación y mucho dinero antes de poder construir nada. Para la mayoría de la gente, un problema sin solución fácil.
Para mí, una oportunidad.
Mi tío Antonio — una persona de mentalidad abierta, por fortuna — conocía a los demás propietarios colindantes. Y en pocos meses, un chaval de poco más de 30 años estaba reuniéndose en cafeterías de Estepona con propietarios que le doblaban la edad. Llegando tarde por las noches. Ganándose la confianza uno a uno.
Imagínate la escena: gente de pueblo, con la desconfianza normal hacia un joven que les dice que se pongan de acuerdo, que se unan, que solo juntos tienen valor real.
Pero lo conseguí.
En 2005, un promotor del norte de España nos compró las parcelas a todos los propietarios. No nos hizo ricos. Pero sí nos permitió mejorar la vida de forma real — entre otras cosas, comprarnos una casa.
Aquella operación me enseñó algo que ningún máster enseña: que la mayor habilidad en el sector inmobiliario no es saber de números. Es saber ganarte la confianza de las personas.
Pero si tuviera que quedarme con algo más de esos años, me quedaría con un cliente que conozco en 1999.
Una persona que confía en nosotros cuando todo va bien. Y que sigue confiando cuando todo se pone muy mal. Durante más de 19 años. Sin fisuras.
A esa persona le debo mucho. Y procuro devolverle esa confianza con la única moneda que tengo: lealtad absoluta y resultados reales.
Eso es lo que soy como profesional.
Entonces llega 2008.
Recuerdo el momento exacto.
Estoy viendo las noticias. En la pantalla aparecen los trabajadores de Lehman Brothers — uno de los bancos de inversión más grandes del mundo — saliendo del edificio con sus cajas de cartón y sus pertenencias. Era el 15 de septiembre de 2008. El día que la burbuja financiera e inmobiliaria estalló definitivamente.
Y pienso: esto va a ser muy gordo.
No teníamos ni idea de lo gordo que iba a ser.
Meses antes había apostado fuerte. Dos empresas de inversión. Ocho propiedades. Familia incluida.
Creía que era una oportunidad.
Lo era. Pero llegó Lehman.
Y de repente todo se hunde a cámara rápida.
Las ventas caen en picado. Los propietarios empiezan a venir a la oficina a traernos sus casas para que se las vendamos — algo que antes nunca pasaba. Y en algunos casos teníamos que decirles que no, porque lo que pedían era el importe de su hipoteca, y eso estaba muy por encima de lo que el mercado pagaba.
Quien nos ha visto, quien nos ve.
Pero lo que viene a continuación es lo más duro.
Ese año tengo que hacer una segunda hipoteca sobre mi propia casa para pagar las deudas.
Y ese mismo año, mi mujer se queda embarazada.
De mellizos.
Me quedo un momento sentado con eso. Más gastos. Menos ingresos. Una hipoteca nueva encima de la que ya tenía. Dos bebés en camino. Y un mercado inmobiliario que se está hundiendo a mi alrededor.
Algunas de aquellas decisiones todavía me acompañan hoy. Ya no las llamo errores. Las llamo el precio de aprender en el mercado real.
No hay red. No hay plan B. Solo hay que tomar decisiones y seguir.
La apuesta que lo cambió todo.
En 2008, el alquiler vacacional profesional prácticamente no existía.
No había Airbnb. No había Booking tal como lo conocemos hoy. Era territorio inexplorado — y por eso mismo, era una oportunidad.
Teníamos un paquete de apartamentos en Marbella que a un cliente se le habían quedado sin vender por la crisis. Tomamos una decisión: los amueblamos y los pusimos en alquiler vacacional.
Uno a uno. Poco a poco.
El modelo funcionó. Otros propietarios se sumaron. Incorporamos también la oficina de Mijas. Y lo que empezó como una solución de emergencia fue creciendo hasta gestionar cerca de 28 apartamentos en alquiler vacacional.
Lo que había empezado como una salida desesperada se había convertido en una línea de negocio real.
Fue la decisión más arriesgada que tomé en mi vida profesional. Y resultó ser la más acertada.
Porque mientras el mercado de compraventa estaba en el suelo, nosotros teníamos ingresos recurrentes. Estabilidad. Y tiempo para esperar a que las cosas mejoraran.
Sobrevivimos la crisis cuando muchos no lo consiguieron.
Hay golpes que vienen de dentro.
En 2016, mi socio y amigo — la persona que me dio la oportunidad de entrar en este sector — sufre un ictus.
Está al límite.
Durante meses llevo la empresa solo. Con lo que sé. Con lo que he aprendido en veinte años de trincheras. Sin saber muy bien qué va a pasar.
Su recuperación es, literalmente, un milagro.
Y yo aprendo algo en esos años que no tiene precio: que puedes con más de lo que crees. Que cuando no hay otra opción, encuentras el camino.
El punto de inflexión.
Obtengo la titulación de Perito Judicial Inmobiliario. Consigo las designaciones internacionales REALTOR® y CRS. Y me colegío como Agente de la Propiedad Inmobiliaria en el Colegio Oficial de Málaga.
El mismo colegio en el que mi padre estuvo inscrito décadas antes.
Con el número 25.
Cuando pienso en eso, algo se cierra dentro de mí. Un círculo que empezó en un piso vacío en el verano de 1986, cuando un chico de 16 años decidió que había otra manera de hacer las cosas.
Pero el verdadero punto de inflexión llega el 1 de diciembre de 2025.
Ese día decido que 29 años de experiencia real no pueden seguir siendo un secreto. Diseño una estrategia de contenido y empiezo a publicar en redes sociales con un objetivo claro: decir la verdad sobre el mercado inmobiliario. Sin filtros. Sin tecnicismos. Sin rodeos.
En menos de cinco meses construyo una comunidad de más de 70.000 seguidores entre Instagram, Facebook y TikTok.
COPE, El Confidencial, La Razón y otros medios empiezan a llamarme como experto.
No lo cuento para presumir.
Lo cuento porque confirma algo que siempre he creído: la gente no necesita más ruido inmobiliario. Necesita a alguien que le diga la verdad.
Por eso estoy aquí.
He vendido en boom y en crisis. He gestionado alquileres cuando nadie los quería. He asesorado a inversores internacionales, a propietarios con problemas y a profesionales del sector que necesitaban orientación real.
He hipotecado mi casa. He levantado empresas. He acompañado a clientes durante casi dos décadas.
Y he aprendido que en este sector, la diferencia entre ganar y perder rara vez está en el mercado.
Está en quién te asesora.
Si tienes un inmueble en España y no sabes qué hacer con él. Si eres no residente y tienes dudas fiscales. Si quieres invertir con criterio real. O simplemente necesitas a alguien que te diga lo que nadie más te va a decir.
Estoy aquí.
Y llevo 29 años preparándome para esta conversación.
1986
EL ORIGEN DE TODO
Con 16 años convencí a mi padre de no vender un piso y lo pusimos en alquiler. Primera lección sobre el valor de un inmueble bien gestionado.
1997
DIRECTOR COMERCIAL CON EQUIPO PROPIO
En menos de 4 meses pasé de nuevo a dirigir un equipo de 6 personas comercializando proyectos valorados en más de 4.000 millones de pesetas cerca de Puerto Banús.
2000
GRAN OPERACIÓN EN MARBELLA
Lideramos la comercialización de más de 200 apartamentos en Marbella trabajando con agencias de toda Europa.
2005
OPERACIÓN ESTEPONA
Reuní a propietarios de un terreno sin desarrollar y conseguí venderlo todos juntos a un promotor nacional. Lo que era un problema sin salida se convirtió en una oportunidad real.
2008
RECONVERSIÓN AL ALQUILER VACACIONAL
Con el mercado hundido apostamos por el alquiler vacacional cuando casi nadie lo hacía. Una decisión arriesgada que salvó la empresa.
2016
MANTUVE EL RUMBO
Cuando más se necesitaba liderazgo, estuve ahí. Dirigí la empresa en su momento más difícil y salimos adelante.
2025
DESPEGUE DE MARCA PERSONAL
De 350 a más de 70.000 seguidores en menos de 5 meses. COPE, El Confidencial y La Razón me consultan como experto.
FORMACIÓN Y CREDENCIALES
Economista
Licenciado en Económicas y Empresariales — Universidad de Málaga
Perito Judicial Inmobiliario
Tasaciones, Valoración y Pericia Judicial Inmobiliaria — Euroinnova. Calificación: Sobresaliente
Asesor en Crédito Inmobiliario
Certificación ACI homologada por el Banco de España — Instituto Español de Analistas
PPD San Telmo
Programa de Perfeccionamiento Directivo — Organizational Leadership · San Telmo Business School
COLEGIO OFICIAL DE AGENTES DE LA PROPIEDAD
Agente de la Propiedad Inmobiliaria nº985 — Colegio Oficial de Málaga
REALTOR
Miembro de la National Association of Realtors — EEUU
Certified Residential Specialist
Certified Residential Specialist — Residential Real Estate Council (afiliado NAR, EEUU)
YALE University
Curso de Negociación — Yale University (EEUU)
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